La primera imprenta española es la valenciana. El libro más antiguo surgido de las imprentas valencianas Les Obres o Trobes en llahors de la Verge Maria, fue editado en el taller de Lambert Palmart a finales de 1474, y contiene los versos de un certamen celebrado en la ciudad del Turia en febrero de ese año.

Documentalmente sabemos que en aquel tercio final del XV los negocios de impresión, edición y venta de libros en Valencia eran bastante habituales, ya que Felip Vitzland, heredero del difunto Jacob Vitzland y ambos delegados de la Gran Compañía Comercial de Ravensbug, pleitea en 1476 por un contrato firmado en el mes de enero del año anterior entre su hermano, Jacob, y el mercader veneciano Berniço por una partida de papel que por su volumen solo podía destinarse a actividades industriales.

La producción valenciana es constante y considerable, la restante española apenas presenta unos pocos títulos dispersos e irregulares, seguramente producidos desde imprentas móviles, no estables. Por tanto puede decirse que el origen de la imprenta española, y también americana ya que los primeros impresores en aquel continente procedían de estas tierras, es valenciano, y hasta bien entrado el siglo XVI podríamos afirmar que la imprenta valenciana es sinónimo de imprenta española.

Valencia es la cuna de la imprenta española por tres motivos. En primer lugar, la tradición, por lo menos artesanal, de unas producciones valencianas emparentadas al mundo de imprenta y las artes gráficas. Por ejemplo, la impresión de naipes. La fabricación valenciana de juegos de cartas era tan relevante que los aficionados preferían los naipes de aquí por encima de otros sitios. Uno de los poetas incluídos en les Trobes……., Joan Sant Climent, era de profesión fabricante de naipes, y quien sabe si su consejo profesional no rompería las desconfianzas y prevenciones de quienes no eran partidarios de hacer uso del nuevo invento gutenbergiano para loar la Virgen. Pero también estaba la serigrafia era un sistema de estampación bien conocido por ciertos profesionales, por ejemplo los ceramistas, desde los tiempos de la dominación árabe. Las trepas y estarsits no solo servían para estampar sobre objetos ceràmicos o de uso doméstico sino tambien, evidentemente, sobre papel.

La etapa de esplendor social, económico e intelectual de la Valencia del siglo XV

En contraste con la recesión económica general del occidente de Europa, Valencia vive en la segunda mitad del XV un de los períodos más brillantes de su historia. Convertida en capital cultural, social y mercantil de la Corona de Aragón, se convierte en la ciudad más poblada de la Corona y de toda la Península Ibérica cristiana. Mientras Barcelona rondaba los 30.000 habitantes, Zaragoza los 20.000 y Palma de Mallorca apenas llegaba a los 15.000, Valencia presentaba un censo de 75.000 almas. Este será el siglo de las grandes construcciones civiles y eclesiásticas, el de los nombres históricos más destacados, el de nuestros escritores más importantes: el autor de Tirant lo Blanch, Joanot Martorell, o a la insigne Sor Isabel de Villena.

Llama la atención la condición alemana de casi todos los primeros impresores que se establecieron en Valencia: Lambert Palmart, Nicolau Spindeler, Joan Rosenbach, Pere Hagenbach o Cristòfol Kofman etc. Pero no solamente el origen germánico lo apreciamos en los impresores, también en los comerciantes y los editores que negociaban los productos de la imprenta valenciana o quienes suministraban a los talleres gráficos.

Jacob y Felip Vitzland, Joan Rix de Cura, son otra muestra de la cantidad de alemanes en las raíces de la imprenta valenciana. Las razones son varias: el origen del propio invento del arte de imprimir, ya que una considerable porción de los impresores son discípulos, o discípulos de discípulos, del propio Gutenberg. Tambien ha de tenerse en cuenta la dispersión que las luchas religiosas de finales del siglo XV, y el asalto a Maguncia, ocasionan entre ciudadanos de los burgos alemanes y concretamente entre los impresores.

Existencia en Valencia de una delegación de la Gran Compañía Comercial de Ravensburg

Las ciudades de la Alta Alemania conocen a partir del siglo XIV un fuerte desarrollo económico, ligado al comercio, que propicia la expansión de empresas alemanas por todos los lados. La Gran Compañía Comercial de Ravensburg tendrá, a finales del siglo XV, delegaciones por media Europa y no podía fallar Valencia. Sus negocios abarcan desde la importación, exportación y comercialización de téxtil a granos, de la madera a la metalurgia, de las pieles al vino…..todos los productos de valor suficiente y de posible transporte serán objeto de transacción. Valencia es un gran puerto, con un elevado intercambio comercial, tiene todas las condiciones para convertirse en una de las sedes más destacadas de la Ravensburg, y en una especie de punto crucial en las relaciones entre los países de las penínsulas Ibérica e Itálica, a menudo bajo la soberanía de un mismo rey o señor.

Uno de los productos que supone mayor volumen de las operaciones es el que se deriva de la industria extractiva y metalúrgica. Dado que hemos de considerar la imprenta, en su origen, como un apartado de la tecnologia metalúrgica (la fundición de tipos, una tarea eminentemente metalúrgica, es en definitiva la gran aportación tecnológica gutenbergiana) no debe sorprendernos que la Gran Compañía y su delegación valenciana se interesasen por la introducción del nuevo invento en la ciudad peninsular cristiana más populosa y con motivo de una efemérides tan excepcional como fue el certamen poético mariano.

Les Trobes, los 'incunables' y los s. XV y XVI

La edición de Les trobes…., por otra parte, cabe considerarlo relevante ya que por primera vez la imprenta abandona la tipologia gótica, la habitual en esos momentos en la imprenta dado su origen germánico, introduciendo caracteres románicos que son los de uso por estos pagos. Pero no solo la letra, también el formato. Mientras la letra gótica y los grandes formatos nos remiten a un producto para uso monacal o de corte, la románica y las dimensiones reducidas permiten un uso más extenso y una mayor accesibilidad del posible lector.

Jacob Viztland, agente en Valencia de la Gran Compañía Comercial de Ravensburg, llama a Lambert Palmart para la impresión de Les trobes…., en 1474, pero su colaboración será amplia, rica y extensa. En 1475 publican el Sallusti i el Comprehensiorum, primer libro con data y colofón de la imprenta española. En 1477 la Tertia Pars Summe Sancti Tome, primera obra en la que en el colofón aparece el nombre de Palmart como impresor. Entre 1477 y 1478, Palmart, editará una de las obras más polémicas de la imprenta valenciana, la Biblia de fray Bonifaci Ferrer, el hermano de san Vicente. Hasta el año 1479 estará en activo Palmart en Valencia, colaborando con los Vitzland ya que muerto Jacob le sucederá su hermano Felip, un entusiasta editor oscurecido a menudo por personalidad de su hermano.

Lambert Palmart no solamente es le primer impresor de quien tenemos noticia cierta en la Península Ibérica sino el iniciador de la escuela de impresores españoles. Alonso Fernández de Córdoba trabajará con él hasta que en 1477 se independizará para publicar la Summula Confessionis y, posteriormente, los Comentarios a los Salmos de David (1484) y el Tractatus contra judeos (1486), trasladándose de Valencia a Murcia donde continuará en el arte de imprimir que a su vez su hijo Francisco extenderá por Castilla abriendo un taller en Salamanca.

Hasta finales del S. XV, además de Palmart i Fernández de Córdoba, ejercen en Valencia Nicolau Spindeler (1489); Martí Pasquasi (1489); Joan Rosenbach (1491); Francesc de Padua (1493); Pere Hagenbach (1493); Leonard Hutz (1494); Pere Trinxer (1495); Lope de Roca (1495); Joan Jofré (1498); i Cristòfol Cofman (1499). Mayoritariamente alemanes, tal como se deduce per los apellidos, aunque ya con la presencia de algún italiano, bretón, flamenco o español.

El trabajo de los impresores casi siempre lo será por encargo de los comerciantes, que actuan como una especia de protoeditores. Estos comerciantes serán decisivos en el asentamiento del nuevo invento en la capital valenciana. Y en ocasiones serán esos mismos comerciantes quienes solicitarán la presencia en la ciudad de impresores. Tambien en este apartado, el de los comerciantes, la presencia germànica es relevante, y a los Vizlant, Jacob y Felip, hamos de añadir la de Rix de Cura y la de Jaume de Vila. A estos editores extranjeros, vecinos de Valencia, se les unirán pronto valencianos como el notario Miquel Albert que a partir de 1493 inicia una ambiciosa producción entre la que encontramos obras como el Repertorium Perutile de Pravitate Hereticorum et Apostatarum (1494), Lo Quart del Cartoixà de Joan Roís de Corella y el Cordial de Bernardí Vallmanyà (1495). También podemos citar a Gabriel Lluís Arinyo que financió algunos de los títulos impresos por Fernández de Córdoba.

Los siglos XV y XVI

En un listado, no exhaustivo, de la imprenta valenciana desde la aparición de les Trobes al final del siglo encontraremos alguno de los libros más importantes de la producción editorial peninsular de todos los tiempos: además de les Trobes, Palmart imprimió en 1475 el Sallusti y el Comprehensorium, en 1477 la Tertia Pars Summe Sancti Tome. Ese mismo año Fernández de Córdoba edita la Summula Confessionis y al año siguiente la Bíblia de fray Bonifaci Ferrer. Palmart estampa en 1482 Els Furs; en 1483 se publica el Primer Llibre de lo Crestià d’Eiximenis; en 1484 también de Francesc Eiximenis el Regiment de Prínceps e impreso por Fernández de Córdoba los Comentarios a los Salmos de David, quien al año siguiente imprimirá el Tractatus contra judeos. En 1487 Palmart imprimirá Obra de la Sacratísima Concepció; y en 1490 aparecerá la obra cumbre de la literatura valenciana y una de las novelas mundiales decisivas, Tirant lo Blanch de Joanot Martorell, confeccionada en los talleres de Nicolau Spindeler.

Ese mismo año, 1490, aparecerá el Regiment Preservatiu i Curatiu de la Pestilencia del médico Lluís Alcanyís y el Psalteri de Roís de Corella. Estampado por Joan Rosenbach, en 1491, se editará el Menyspreu del Món de J. Gerson, en traducción de Miquel Pereç. En 1493 Hagenbach i Hutz publicarán Furs Nous fets per lo cristianíssim e Molt Alt Senyor Rei Don Fernando. En 1494 Repertorium Perutile de Pravitate Hereticorum et Apostatarum de Miquel Albert y la Vida de la Sacratísima Verge Maria de Miquel Pereç. En 1495 aparecerán de Roís de Corella Lo Quart del Cartoixà, de Bernardí Vallmanyà Cordial de l’Ànima, y del segorbino Francesc Vicent Llibre dels Jocs Partits dels Schachs considerado el libro que introduce el ajedrez moderno.

En 1497 Lope de Rueda, que a pesar de su castellanizado nombre era de origen alemán, imprime El Procés de les Olives de Bernat Fenollar, Lo Somni de Joan Joan de Jaume Gasull, y Vita Christi de sor Isabel de Villena, probablemente el primer libro de la historia de la imprenta que podemos llamar feminista. En 1499, el último de los impresores alemanes llegado a Valencia, Cristòfol Cofman estampará Regiment de la Cosa Pública de Francesc Eiximenis, y este mismo año Narcís Vinyoles publicará su Omelia sobre lo Psalm del Miserere.

Philip Berger cita 25 impresores ejerciendo en Valencia entre 1474 y 1560. De ellos ocho eran españoles, siete alemanes, dos flamencos, tres franceses, uno de Saboya y cuatro de difícil adscripción, aunque se decanta por un origen español. Pero señalando que en el siglo XV, el período precursor del nuevo arte, son mayoritariamente alemanes quienes protagonizan la edición valenciana mientras que a partir de 1499 se ralentiza la presencia germánica.

A pesar que el número de impresores extranjeros, excepto en el caso de los alemanes, continuará creciendo serán los hispánicos quienes abrirán más talleres de impresión desde los primeros años del siglo XVI. Diego de Gumiel (de Gumiel, también con taller en Barcelona, será la segunda edición, impresa en esa ciudad, del Tirant), Duran Salvanyac, Joan Baldoví, Antoni Sanahuja, Gabriel Ribes, Martí d’Esparsa, Miquel Prats, Alvaro Franco, Bartolomé Lorenzana, Juan Crusóstomo Garriz i Diego de la Torre son algunos de los nombres que al largo de este siglo se unirán a la nómina de impresores.

En las primeras décades de este siglo la imprenta valenciana continuará produciendo alguna de las obras más destacadas de la producción hispánica: La Vida de Sancta Magdalena en Cobles de Jaume Gasull, en 1505; Vida de Sant Vicent Ferrer de Miquel Pereç, en 1510; y sobre todo Blanquerna la obra cumbre de Ramon Llull que imprimirà con notables grabados Joan Jofré en 1521.

Pero la esplendorosa Valencia del XV, a causa de la Guerra de las Germanías y tambièn de las condiciones sociales, geográficas y políticas del descubrimiento del Nuevo Mundo, poco a poco, y a pesar de que aún por algunos años continuará con cierto protagonismo en la imprenta peninsular, verá como mengua su privilegiada posición y como emigran hacia otros lugares (como señalaba anteriormente serán valencianos los que en las Américas introducirán el nuevo arte de imprimir) profesionales que se habían establecido o habían aprendido el oficio en Valencia. Una Valencia cuya tradición impresora conserva el prestigio de unos siglos capitales para el desarrollo y democratización de la cultura escrita.

D. Jesús Huguet

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