En medio del confinamiento debido a la pandemia del coronavirus, la Escuela de Filosofía del Ateneo Mercantil de Valencia seguió su curso gracias al formato Webinar. En la tarde del 11 de mayo, Antonio Lastra señaló, en el contexto del webinar "Emergencia sanitaria y excepción política", que esta continuidad es filosóficamente significativa porque pone de manifiesto que los formatos y soportes son solamente trampolines o pretextos en la tarea propiamente educativa que es tratar de ver con claridad las ideas.

Le acompañaron José Félix Baselga, Chris Skowronski (representando una diversidad europea de nacionalidades y una ecología gracias al formato telemático que Erasmo o Vives celebrarían) y Carlos Climent como moderador. El planteamiento de la sesión consistió en que Climent propusiera ocho cuestiones relacionadas con las implicaciones políticas de la gestión de la pandemia por parte de los gobiernos para que las discutieran los tres ponentes. Las cuestiones fueron las siguientes:

  • Si, en caso de pandemia y decretado el estado de alarma o de emergencia, es lícito restringir o incluso eliminar algún derecho.
  • Qué se puede hacer con las fake news y si es admisible, teniendo en cuenta la libertad de expresión, que haya algún tipo de control público sobre ellas.
  • Si, una vez superada la pandemia, puede considerarse beneficiosa la formación de un gobierno de concentración nacional para tratar de superar los efectos de la pandemia.
  • Cuál debe ser el papel de la Unión Europea en una situación de catástrofe: si debe ayudar, propiciar un marco de actuación o solo aconsejar.
  • Si es posible exigir a posteriori responsabilidades al gobierno por una supuesta mala gestión del país durante el tiempo de la pandemia o si la comunidad internacional debería demandar responsabilidades a China como país donde nació el virus sin que adoptase a tiempo medidas más enérgicas para evitar su difusión.
  • Si es posible extraer de la pandemia la enseñanza de que la ciencia debe ser siempre potenciada y mantenida en primera línea, sin limitación de gastos.
  • Si la pandemia ha evidenciado que estamos en un mundo globalizado, de manera que lo que ocurre en un punto del planeta afecta a los demás, sin que baste con cerrar fronteras para solucionar un problema.
  • Si la pandemia puede relacionarse con el cambio climático y con otros problemas globales, de tal manera que ya no es posible desvincularse del hecho de que todos estamos juntos y viajamos en el mismo barco, estando obligados a ser solidarios.

La discusión fue muy rica y tuvo derivas y detalles muy sugerentes, pero en líneas generales se trazaron dos perspectivas marcadas y hasta cierto punto antagónicas. Por un lado, se mantuvo que, dado lo excepcional de la situación, parece razonable adoptar medidas relativamente excepcionales por parte de los gobiernos. Por otro, que los estados de excepción conllevan siempre el peligro del autoritarismo y que se deben, más que a una necesidad excepcional, a la incompetencia (o a una voluntad tiránica) a la hora de gestionar los conflictos que forman parte del funcionamiento normal de una república.

Para que se haga efectiva la división de poderes que constituye una república, o una sociedad razonablemente liberal, ha de entenderse que el peso del poder ha de recaer sobre el legislativo, que representa las decisiones de los ciudadanos que, a su vez, han de ser responsables al menos en dos sentidos:

  • Deben tomar las decisiones que afectan tanto a sus vidas como a las de los demás apoyándose en la información clara y veraz que el gobierno tiene la obligación de proporcionar
  • Han de querer saber para que la comunidad que cada uno de ellos gobierna a través de su voto sea justa, como Platón quiso.

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