Valencia se rindió una vez más a los Hermanos Caballer. El ritmo, la intensidad y la potencia marcaron el final de las 'mascletaes' de las Fallas 2017. Desde el primer minuto hasta el final fue espectacular. Hubo guiño a la identidad con una senyera de humos de colores y truenos, pero sobre todo tuvo mucha fuerza. La pirotecnia Hermanos Caballer, que en la madrugada del 18 al 19 de marzo disparó la Nit del Foc, tenía claro que el disparo del día de San José debía ser "una mascletà desde principio a fin potente con ritmo e intensidad", explicó uno de sus propietarios, José Caballer.

La mascletà tuvo ritmo, intensidad y potencia desde el primer minuto porque es lo que quiere el público. Con 270 kilos de material pirotécnico reglamentario quemado, muchos de ellos guardados para el intenso bombardeo final, al que precedió un cuerdo dividido en cinco retenciones seguido de un gran terremoto terrestre.

De nuevo la plaza del Ayuntamiento tuvo una lleno total a pie de calle, bajo un ambiente primaveral, las terrazas, balcones y ventanas de los edificios que dan a ella repletos de gente para presenciar el disparo. Como en el Ateneo Mercantil en donde el edificio se llenó de socios y de amigos para ver el último disparo de las Fallas 2017.

Los hermanos Caballer vieron reconocido su esfuerzo por un público encandilado que le agradeció el estruendo de su disparo. El balcón del Ayuntamiento vio como, por última vez en estas fiestas, las falleras mayores de Valencia, Raquel Alario y Clara Parejo, presenciaron una mascletà.

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