Valencia fue la puerta de entrada de la Imprenta en España y fue clave para que se produjera el impulso de la cultura, de la economía y del mejoramiento intelectual de la humanidad. Con el abaratamiuento del papel y la imprenta móvil y la llegada de la tipografía se produjo una transformacion del siglo s XV. Esta conferencia da una visión de lo que fueron las mujeres impresoras; en el Siglo de Oro Valenciano había mujeres escritoras y que sabian leer, pero no era común encontrarlar ya que la sociedad desacofiaba de una mujer con conocimientos, ya que historiacamente se decía de ellas que física y culturalemente eran infereiores al hombre.

La alfabetización de las mujeres durante el siglo XV fue poco a poco a más, en el siglo XVI comenzó a ser alta, pero en los siglos posteriores se va apagando. Las bibliotecas de las mujeres podrían tener cuatro libros en la primera mitad del siglo, pero cuando la imprenta entró en Valencia en pleno Siglo de Oro Valenciano, desde ese primero momento las mujeres apoyaron el invento y se beneficiaron de la la culturización universal.

La primera de la que se tiene constancia es Elionor Eiximenix, que ayudó económicamente a Lambert Palmart, le financió la impresión y le proporcionó un ayudante para el taller y con el tiempo se casó con él. Palmart imprimió en 1474 “Les Obres o Trobes en lahors de la Verge Maria” en el que partiparon ilustres valencianos y entre ellos también una mujer, ella fue Yoland. Su poema fue presentado por un notario, pero a modo de acrótico formó con la primera letra de cada estrofa su nombre y lo reveló a la humanidad.

A esta epoca de crecimiento también apoyó la reina María de Castilla, quien jugó un importante papael en la producción artística y cultural de la época. Esposa de Alfonso V el Magnánino y tutora de Sor Isabel de Villena. La monja de clausura se supo rodear de la intelectualidad de la época pese a su encierro monacal. Sor Isabel es la primera escritora en valenciano y la gran precursora de las ideas feministas. Gracias a otras mujeres comprometidas conocemos su obra, ya que en 1487, Aldonça de Montsoriu, mostró escritos de Sor Isabel. Tras el Siglo de Oro llega el declive, pese a ser barato imprimir libros, habia mucho analfabetismo en la sociedad, por eso no se vendían muchos libros. Los primeros impresores nunca imprimían a los grandes clásicos y lo que hacían era imprimir obras de tipo local. Pero no se puede negar que la imprenta generalizó la cultura.

Además, hay que destacar que la primera alegoría que se hace de la musa de la tipografia, ‘Typosine’, ésta es una mujer; desde entonces en muchas ocasiones se representa la imprenta como una mujer. Pero los historiadores bibliógrafos se olvidarion de las mujeres que estaban en los talleres de una manera muy injusta porque hay muchas mujeres que han trabajado en el mundo de la imprenta y que no han sido recogidas por la historia. Los talleres eran pequeños, muy familiares y en muchas ocasiones las imprentas y las casas de los impresores eran el mismo lugar, por eso desarrollaron las mujeres cierta familiaridad con el negocio tipográfico.

La imprenta y las mujeres superaron los problemas de la sociedad, ya que en esta época la lectura y la escritura no ‘eran’ para ellas, ellas ejercían de esposas, madres y gobernantas, pero la educación familiar iba al varón. Las mujeres pasaron desapercibidas en las imprenta, los talleres estaban en las viviendas y por eso aprendieron el oficio, tanto en la formación de impresoras, como de libreras o correctoras, ellas desarrollaron una labor clave en el taller. La figura de las viudas fue numerosa, hasta su nuevo matrimonio o hasta la mayoría de edad de sus primogénitos o hasta que cerraban el negocio.

A lo largo de la historia de la imprenta hay nombres propios de mujeres que han pasado a la historia. El primero es el de María de Quiñones, madrileña, quien abarcó 55 años como tipográfica, lo que era muy raro porque estuvo durante más de cicno décadas en este trabajo, que no era muy normal. Eran trabajos muy raudos. También está el de Juana Millán quien fue la primera mujer que puso su nombre en un libro 1537.

Pero también las había valencianas y que tenían sus negocios en nuestra ciudad. Desde Francisca López, que era viudad de López de la Roca, tras enviudar se unió con Sebastián de la Roca,  y Juan Jofré. En el siglo XVI aparece Jerónima Galés, primero viuda de Juan Mey y luego de Pedro de Huete, trabajaba siempre en la imprenta. Jerónima Galés escribió un soneto y que ella mismo lo imprimió, y de esta manera dejó de imprimir como viuda de alguien. Luego de ella llegaron muchas más viudas:

La viuda de Juan Chrisostomo Garriz, la viuda de José Gasch, la viuda de Sylvestre Esparsa, la viuda de Bernardo Nogués, Josefa Avinent que era la viuda de Benito Macé, Margarita Veo (viuda de Bordazár), la viuda de Jerónimo Conejos, la viuda de Juan González, Antonia Gómez (viuda de Jose de Orga), la viuda de Martín Peris, Vicenta Devis (viuda de Agustín Laborda), la viuda de Manuel Muñoz, Viuda de Ayoldi – Josefa Rós y Sanz, Ramona Andreú (viuda de Amargós), la viuda de Vicente Perales y la viuda de Santa María.

A estas viudas también se unen otro tipo de impresoras que son de segunda generación que llegan como sucesoras, herederas o hijas: Isabel Juan Villagrasa (Hija de Jerónimo Villagrasa), Rosa López (hija de Manuel López), la sucesora de Bellver, los yernos de José Estévan, los herederos de Chrysostomo Garriz, los herederos de Jerónimo Villagrasa y por último hay otro apardo muy importante que fueron las libreras que fueron dueñas de librerías como la Librería de la viuda de Navarro.

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