Valencia. «También yo debo de llevar tinta en la sangre», escribió José Ombuena Antiñolo. LAS PROVINCIAS, que ahora celebra un siglo y medio de vida, cumplió en 1991 su 125º aniversario; y para encabezar uno de los números especiales que se publicaron, pedimos al director un trabajo que él quiso encerrar en la esfera de lo personal y entrañable, alejado de las declaraciones solemnes y oficiales. Si en 1966, con motivo del Centenario, había definido ya a LAS PROVINCIAS como «El periódico de todos los valencianos», en este caso preparó un precioso autorretrato titulado ‘Mirando hacia atrás sin ira’. Que vino a ser un canto al valor de la letra impresa, a los libros, los periódicos y las polémicas inteligentes; y sobre todo una declaración de amor agradecido a los familiares -padre, abuelo, tíos con el apellido Thous- que, cautivos también de esa inclinación inevitable, le llevaron al periodismo.

Se cumplen cien años del nacimiento de José Ombuena, director de LAS PROVINCIAS entre 1959 y 1992, y el Ateneo Mercantil de Valencia dedica una sesión, esta misma tarde a las 19.30 horas, a evocar su figura inabarcable, su pasión por la palabra bien dicha y escrita, su inteligencia polemista; en suma, su papel en el periodismo valenciano del siglo XX. «Miro hacia atrás en mi vida y la veo, toda ella, metida en periodismo», escribió en un ejercicio que quiso construir «Sine ira et studio, como rezaba la divisa de los viejos humanistas». «Mi madre -escribe- me había dejado muy prematuramente, a los escasos meses míos, y yo me pasé las horas muertas de una infancia solitaria y ensimismada, entre las publicaciones y semanarios reunidos por mi padre en años y años».

Bisagra entre dos épocas
Las lecturas, el clásico periodismo literario, la escritura en papeles cultos, le llevaron, en 1935, a visitar en la redacción a Teodoro Llorente Falcó, que publico sus primeros trabajos. No dejó de escribir y llegó a ser uno de los pocos profesionales que pasó por las cuatro clásicas cabeceras de Valencia: ‘Jornada’, ‘Levante’, ‘Hoja del Lunes’ y LAS PROVINCIAS, donde llegó en 1959, tras la crisis de la riada, para no dejar la dirección hasta su fallecimiento, en 1992.

Más allá de sus estimables novelas, de sus libros de viajes y sus reflexiones sobre Valencia, el periodismo de José Ombuena se articula sobre dos ejes: la modernización del diario en los años sesenta y su cadena de grandes polémicas. Está por estudiar la apertura que propició a numerosas firmas eruditas que habían perdido la oportunidad de escribir en los periódicos durante el franquismo. Y también lo está el género que acostumbraba a propiciar de tanto en tanto, que era la controversia, el cruce de artículos con otros colegas o con el poder, que sostenía sobre asuntos de la cultura pero también sobre temas de la ciudad. Lo que en la redacción de LAS PROVINCIAS se llamaban ‘campañas de don José’, jalonan la historia periodística de la ciudad y abarcan desde la desaparición de la Gran Vía de Germanías al desdoblamiento del puente del Real; desde la protección de los pretiles y puentes del Turia como bienes patrimoniales, a la más conocida de todas ellas que fue la de la lengua valenciana, sostenida con el erudito Manuel Sanchis Guarner. Siempre fueron controversias educadas y documentadas, inteligentes y brillantes. Y siempre ayudaron a la reflexión ciudadana aunque contrariaran al poder.

Su independencia de criterio, la distancia del régimen que mantuvo siempre, ayudaron a configurar la imagen independiente de un periódico que, como escribió en 1966, «respetando siempre, indujo a ser siempre respetado». Pero eso, que debía ser destilado en las páginas del día a día, se vio apoyado en una ironía inteligente y culta que hizo de sus artículos -sobre todo los de la serie ‘El espectáculo’, escrita durante la Transición- un verdadero disfrute. Que se apoyaba en erudición aplicada, en sabiduría que elevaba el tono por encima de las diatribas menores. Y que bebía siempre en su generosa biblioteca. «Porque -decía confidencialmente-hay que trabajar sin necesidad de salir de casa, con los libros que a uno le rodean».

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