La primera sesión de los Diálogos sobre los Diálogos de Platón III tuvo lugar representativamente en la jornada de reflexión previa a las elecciones del 10 de noviembre en la Biblioteca de San Miguel de los Reyes de Valencia, y versó sobre los dos primeros libros de la República de Platón.

Empezar a leer la República tan reservada y deliberadamente como parece que fue escrita enfrenta al estudiante serio a los límites y los problemas fundamentales de la constitución humana. Con ese ánimo, los profesores Juan Antonio Negrete y Antonio Lastra pusieron en marcha el diálogo, como Sócrates, ex arché o desde el principio. En consecuencia, una de las primeras cuestiones que se planteó fue cómo empezar a leer la República.

Sobre ello, las dos posiciones dominantes fueron, por un lado, aquella que defiende que el elemento dramático, o la puesta en escena de los Diálogos, es fundamental para entender lo que los Diálogos dicen y, por otro lado, la que defiende que no lo es. Los defensores de la primera fueron consecuentes con la consideración de que los Diálogos ofrecen las condiciones y contradicciones contextuales de su lectura infinitamente mejor que el estudio filológico o arqueológico de la Grecia de Pericles. En suma, que la mejor forma de empezar a leer a Platón es respetar la necesidad logográfica y suponer que sus obras son perfectas: que hemos de tratar de leerlas tan bien como fueron escritas. Los defensores de la segunda posición sostuvieron que Sócrates y Platón (o el problema de Sócrates) estaban, al menos, tan ligados a Atenas como a la ciudad platónica de palabras en el cielo y que hay que leerlos en consonancia con ello.

La diferencia radical entre las dos posiciones a la hora de entender lo que significa la educación platónica del alma y la ciudad, que puede considerarse el tema central de la República, alimentó la riqueza de una discusión guiada por dos elementos en común como mínimo: la voluntad de esclarecer lo que los Diálogos dicen a través de la investigación socrática y el reconocimiento de que se estaba de acuerdo en que no se estaba de acuerdo. Surgieron, también representativamente, algunas cuestiones referentes a la importancia, contemplada en el Fedro, de tener en cuenta, en los discursos, quién habla, quién escucha y qué es aquello de lo que se está hablando, lo que puede considerarse un problema político o formar parte del mencionado elemento dramático (aunque es importante entender que es más adecuado ver la política desde Platón que a Platón desde la política para evitar la tiranía de identificar, como haría el extranjero ateniense en Las leyes, la política con la justicia en sí).

En resumen, fue un buen comienzo polémico para una serie de 5 sesiones dedicadas a este diálogo central. La siguiente tendrá lugar el 14 de Diciembre. Sean bienvenidos.